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En balanza se pusieron,
dos quebrantos sinrazón,
el quererte por un lado,
en el otro, mi «¿quién soy yo?».

Y los dos no convivían,
se morían de puro honor,
la gravedad como testigo,
mueven la hiel y el sudor.

Donde sólo quedaría uno,
¡ni siquiera!,
se matarían los dos,
en un duelo sin pistolas,
dos suicidios sin perdón.

Recogiendo las migajas,
en los restos no quedó,
ni en la sangre hubo huellas,
fugitivas de corazón.

Voy en busca de balanzas,
con un brazo, aún mejor;
donde sólo muera uno,
sin luchar contra el dolor.

21-I-2010

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