De reojo en mis bambalinas,
testigo de mis perdones,
vigía en mis horizontes,
zapatero de mis cordones.
Oídos engañan firmes,
al sueño y la madrugada,
palabras que se entremezclan,
sin tregua subvencionada.
Sonrisas a borbotones,
sin mesura ni templanza,
te regalo, me regalas,
sorbo a sorbo, confianza.
Impaciente porque el tiempo,
vaya pesando la historia,
de quilates los momentos,
ya más cerca de la gloria.
24-VI-2010
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