Desde muy pequeños, Zobian y Enna solían coleccionar aquellas cosas que iban formando parte de su vida. Al principio, les gustaba recopilar piedras y pequeños objetos que encontraban por el campo. Ramas, hojas y cualquier tipo de artilugio, formaban parte de esa afición mantenida después con el transcurso de los años.
Al llegar a la adolescencia, otros objetos formaron parte de su extensa colección: entradas de cine que recordaban amores, camisetas regaladas por amigos, libros que marcaron una época de ideales y sentimientos, discos de música nunca olvidada y hasta fotos de juergas o excursiones con la pandilla de siempre.
Tanto Zobian como Enna guardaban sus tesoros en cajas. Las tenían de todos tipos y formas, redondas, ovaladas, cuadradas, rectangulares, estampadas…Gran parte de sus respectivas habitaciones la ocupaban cajas acumuladas con el paso del tiempo.
Al margen de los objetos que cada uno iba recopilando, había una característica diferencial entre Zobian y Enna. Enna solía tener cajas que tuviesen candado, mientras que Zobian utilizaba cajas sin ningún tipo de restricción en su apertura o cierre.
Un buen día, su amiga de la infancia Zoe, les comentó: Me llama la atención que cada una tenga una forma distinta de coleccionar todo eso que tenéis guardado en vuestros cuartos. Por ejemplo, Zobian suele tener sus cajas siempre medio abiertas con las cosas medio accesibles y desperdigadas. En cambio tú, Enna, tienes las cajas cerradas con candado y únicamente suelo ver abierta una de ellas.
Zobian comentó:
-Suelo revisar, frecuentemente, las cajas que tengo. Me gusta mirar y recordar, tanto los momentos como los recuerdos. Por ejemplo, a veces comparo y reviso las rocas que durante diferentes años he recogido. Otro día, me dedico a escuchar la música que había formado parte de mi vida, mezcla de estilos, de pasiones, de ritmos y armonías. Reconozco que, con tanto material, cada vez me cuesta más encontrar algo que me llame la atención. Ahora mismo, Enna colecciona más cosas que yo.
A continuación, Enna comenzó a hablar:
-Pues seguramente os va a sorprender lo que os voy a contar. Desde muy pequeña guardo las cosas en cajas con candado. Una vez que disfruto del momento, de esa sensación con un buen número de ellos, los meto en una caja, les pongo el candado, cierro con llave y tiro la llave a la basura. No he vuelto a ver el contenido de cada una de ellas, desde que cerré con llave.
Pero…..entonces….¿por qué sigues coleccionando si después no ves lo que tienes?-comentó Zoe sorprendida-.
-Todo eso lo tengo en mi mente, y lo tengo presente al saber el espacio que ocupa en cada caja. Si no lo hiciera así, sería incapaz de seguir sorprendiéndome con la música, con una fotografía o un mineral precioso nuevo que tenga por delante. Caería en la tentación de abrir todas la cajas, entremezclar sensaciones y perder la frescura de lo nuevo. Todavía siento ese pulso de encontrar….
-Yo he perdido la referencia….-comentó Zobian-. Ahora, tendría que hacer un gran esfuerzo en colocar cada objeto en su lugar; y además, no sé si podría convivir con ese contenido, inaccesible por la utilidad, simple y básica, de un cerrojo sin llave.
21-VII-2010
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