Esquinas que se redondean al pasar,
convirtiendo en fatalidad los cruces de caminos.
Sorpresas sumisas, escondidas,
no mereciendo tu corona destronada;
esa inconsciencia esclava.
Suplicando días de dos atardeceres,
lunas menguadas y tímidas.
Vuelco en la fibra, pellizco sin saber si hay sangre.
Agua corriendo por el cuello,
salubre, química, entre polos sin corriente.
Esperar lo que el tiempo te concede,
en vacío, sin guión original.
Impaciencia acumulada hasta la próxima cita;
los rayos llenos de tormentas,
y detrás sigue sin haber nada…
2-XII-2001

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