Me tenías en cada partida,
naipes bailando a tu danza,
as de corazones olvidado.
Esperando a la fortuna,
tiempo pagado al contado,
a plazos fiando tu ausencia,
las confesiones, sin pecado.
Al seguir tu presencia,
el bellocino ví dorado,
por perder tu estela,
los jirones remendados.
Ahora al mejor postor,
sin el ojal prendado,
dibujando en el horizonte,
los rastros tuyos prestados.
27-XII-2009

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