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Siempre me atrajeron las razones de los peregrinos por querer llegar a Santiago. Cada senda, cada río que cruzas, no dejas de pensar en por qué estás ahí…. En por qué, cada uno de esos rostros que divisas, tiene un motor o propósito para llegar a ese mismo lugar….Porque, siempre existe una razón.

En torno a una ración de pulpo, es fácil que cada peregrino destape su «razón». Eso le pasó a Lucía. Hablaba con la claridad de las personas que están acostumbradas a convencer a los demás. Bajo su polar de 9 euros del Decathlon, se escondía una directora de marketing con la iberia plus con más puntos que el Barça de Guardiola. Ya no había vuelta atrás, lo dejaba todo. Una carrera de «éxito» y sacrifico, era canjeada, entre copas de ribeiro, por una oposición de auxiliar administrativo a su ayuntamiento. No más jet-lag, no más portátil y blackberry. Era incapaz de recordar cuándo fue la última vez que su marido le dijo «te quiero» o le preparaba el desayuno un sábado por la mañana.

Se estaba perdiendo lo que realmente quería en la vida, y era incapaz de darse cuenta. Tuvo que ser su cuñada, y el estrés, la que le empujara a recorrer El Camino. Tras dos semanas de mochila y ampollas, lo tenía claro. Su vida tenía que ser otra, quería reconquistar a su marido como Don Pelayo en su confín asturiano, pero esa batalla le daba auténtico pavor. Mucho más, que los balances de cuentas con millones de euros de margen de ventas como objetivo. Había encontrado lo que buscaba.
Iván estaba a su lado. Cuando llegó su turno, hablaba con media mueca en la cara. Tenía ese rostro donde la sombra de las drogas deja su impronta y es difícil eliminarla aunque vivas cuatro vidas. Al principio charlaba con algo de tartamudez. La adolescencia, las malas compañías, la falta de afecto, le dejaron en blanco desde los catorce hasta los veinte años. Los estudios totalmente abandonados, dos intentos de suicidios terminando en urgencias….. y El Camino como punto de inflexión.

Tenía los pies destrozados, pero la tartamudez terminó cuando habló de su futuro, de aquella chica tierna, estudiosa, esa que llena de ilusiones su apartamento de alquiler y alimenta su autoestima con ese cariño que los lingotes de oro no pueden pagar. Había encontrado lo que buscaba.

Mientras tanto, yo seguía escuchando con mucha atención todos los testimonios. También el de Jean-Pierre; su historia sobrecogía. Perdió a toda su familia en un accidente de tráfico. Con 44 años, redibujar de cero tus ilusiones, me ponía el vello de punta. Pero en su mirada, tenía la llama de la vida. No sabría explicarlo, pero son cosas que se ven en un rostro aunque no hable.
Cuando llegó mi turno no quedaba pulpo ni ribeiro. Tenía muchas razones para encontrar lo que buscaba, razones del cuerpo y del alma. Por más vueltas que daba a mi historia, para dar forma a las razones, no llegaban a cuajar. Al final, me rendí. Sí que había encontrado en El Camino lo que buscaba. La vida es una búsqueda constante, no tiene fin, ni recompesa. Siempre buscando….
15-III-2011

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