Pasó el ayer de aquel mañana,
sin verdugos ni víctimas,
sin pecado ni penitencia,
sin dolor ni sabor.
Pasó aquel ayer,
el que debe cambiar la historia,
el que reescribe los testamentos,
el que confiesa antes de llegar el pecado.
Pasó hacia este mañana,
con la cara recién lavá
y media almohada en el suelo,
mojando las ganas en el café.
Pasó porque pasó,
lo que pase también lo hará,
pero en la cuenta el lápiz,
uno más uno no sumará dos.
22-XII-2009
Deja un comentario