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Te recuerdo presente en tardes de junio, sin terminar todavía el curso. Perdido en el reflejo del sol en el Atlántico, por las tardes, cuando la mirada se queda sin efervescencia, absorta en un reflejo.

Mente pesada, concentrada en el por hacer y el tiempo. Sin tener fin desde el principio. No hay premio en la pereza, es un sufrimiento plano, de encefalograma, sin latido.
Miradas por la ventana, sobre las hojas, sobre la luz que se desvanece. Natural o artifical, pero halos que, aún así, deslumbran. Luchar contra la mente, contra su designio, contra su partida sin contricante.

Corredores transitados con excusas infundadas. Distracciones que reactivan nada. Paseos que miran al suelo, avergonzados de la farsa.

Te recuerdo esperando el revulsivo, el mañana-será-otro-día, reconfigurando coordenadas y drogando los propósitos.
Cuenta atrás, fin de curso, la incógnita de un verano, gazpacho y siesta, amores y salitre, noche y emboscada…
…cuando las páginas del libro aún no estaban amarillas.

13-V-2011

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