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Es sencillo, nada rebuscado ni artificioso; un ying-yang vacilante sin epígrafe: Modo slow o modo fast. No sé por cuál empezar….lo haré por el que más rabia me dá…..

El modo slow suele trabajar a bajas revoluciones, escarba todas las inquietudes, miedos, planteamientos, críticas de la existencia, el sentido de todo y el nada tiene sentido. Caldo de cultivo perfecto de la realidad. Seguro que este modo actúa en los aminoácidos del cortex cerebral o busca benzodiacepina en los chinos. De alguna manera, te mete en sus recobecos, en laberintos sin minotauros, en Ícaros sin tren de aterrizaje. El slow es el mejor cristal de mis puestas de sol, mis gafas de vista descansada, el infinito de rompeolas cabreadas con el mar, el que saca el capuchón de los bolis.

El modo fast es el peta-zeta de las sinapsis. Se fija al presente como una piqueta, es ocurrente, ágil, locuaz…. Sientes creer en lo que haces, tanto dá el qué o el cómo. Mete adrenalina en los compartimentos, todo tiene un falso sentido. Se alimenta de su propio agotamiento, de su recompensa. Básico y aligerado de lastres, el humor se olvida de ser malo, los unos más unos terminan en dos, sin calculadoras ni tablas logarítmicas. La hora feliz del final de los días, dos al precio de una.

Sencillos y opuestos, complejos y amantes, conmutando el relé de subsistencia…. cogidos de la mano en la trastienda, sin que nadie los vea….

La pena es no encontrar todavía el interruptor 😦

17-V-2011

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