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Es lo que tiene lo digital frente a lo analógico, el designio de la cobardía virtual. Recuerdo aquellos tiempos en que las desavenencias, con conocidos o amigos, se reflejaban cuando al verte, se cruzaban de acera, se hacían el sueco o, simplemente, dejaba de sonar el teléfono (fijo claro está). Se vivía la valentía o la cobardía, pero era más de carne y hueso.

Ahora estamos en la Era Digital, de las redes sociales, o a-sociales mas bien. Enciendes tu ordenador una mañana, mientras te preparas el desayuno, y algo no te cuadra. De un vistazo te das cuenta en tu lista de amigos que has pasado de 237 a 236. La tostada se te está quemando, pero no puedes evitar caer en la curiosidad, ¿quién será esta vez?.

Primero piensas que has entrado en el ciclo de limpieza de alguien que, rebasando los 300, se dá cuenta que le dá miedo llegar al millón de amigos que cantaba el Gran Roberto Carlos. Posiblemente, sea de esas personas que hayas visto, o coincido, sólo una vez, alguna noche en algún garito y que haya querido compartir las fotos del encuentro. Puede que su cara casi ni la recuerdes y que hayas charlado no más de 40 segundos. Si es así, no hay problema…podemos considerarlo razonable.

Cuando empiezas a chequear quién falta, te das cuenta que no, no era alguien cuasi-desconocido…Te asalta la pregunta, ¿por qué lo ha hecho?, comienzas a recordar los encuentros, conversaciones o situaciones intentando explicar lo sucedido. Llegas a la conclusión, incluso, que esa persona no te caía del todo mal, es más, te cae muy bien. Después repasas tu círculo cercano, intentado elucubrar emboscadas o pertenencias a grupos sobre los que haya caído el mismo castigo.

Entonces comienzas a investigar, ¿a quién más ha borrado?. La tostada y el café se han quedado fríos, pero el instinto de «Colombo» te camufla el ayuno…Carlos y María han claudicado también. No me sorprende tanto, porque rajaban cantidad y se notaba el mal rollito que había. En cambio Ana, que no podía ni verl@, parece que ha tenido un magnánimo indulto. Yo me llevo bien con los tres, ¿por qué yo entonces?. Además no me he enrollado ni con Ana ni con María, así que descarto cualquier interferencia de ese tipo…

Continúo mi recuento, ¡ésto es una hecatombe!, Luisa ha caído, Tomás y Pedro también. Juan se ha librado, pero yo creo que por pena; tiene sólo 16 amigos. Mónica también permanece, aunque es verdad que no hay nadie que hable mal de ella y su corazón es enorme (aunque el mío tampoco está mal :-).

Termino el escrutinio. Se ha cepillado, nada más y nada menos, que a 18 personas que yo conozca. Brutal. ¡Algo ha tenido que pasar!,¡ no puede ser!. Justo anteayer coincidimos, echamos risas, incluso hablamos de cine francés, de Godard….ningún desecuentro, nada que hiciera temer un veredicto tan trágico…

Le sigo dando vueltas…tras un par de horas, dejo de elucubrar, de dudar. Cojo el teléfono, paso de lo digital a lo analógico…me digo, «tengo que escucharlo de sus propias palabras».

Tres tonos de teléfono…,después, se escucha del otro lado:

-¿A qué no sabes que me ha pasado?¡qué desastre!.
-No, ¡cuéntame!.
-¡El puto facebook!. Esta mañana iba a convocar un evento en mi casa, una sesión de cine-forum y una barbacoa, y cuando lo estoy configurando, me ha borrado como a 147 amigos. Llevo cerca de tres horas, intentando recuperarlos….¡me cago en tó!.
-¡Menuda faena!, es que hace cosas muy raras.
-¿Qué tal? ¿cómo que me llamas tan temprano?.
-Nada, por si te apetecía tomar un café esta tarde. El otro día la charleta que tuvimos fue superinteresante.

-¡Güay!, ¿nos vemos en mi casa a las 6?, nos queda Pasolini, ¡casi nada!.
-Vale, ciao!.
No hay nada como la Era Analógica…

11-VI-2011

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