Sin saber qué querer a estas alturas,
cuando me invento mil vidas en un día,
desechándolas una a una con porfía,
y los restos, en bolsas de basuras.
Las heridas que no encuentran más curas,
las sorpresas resisten con osadía,
los designios de la arrogante utopía,
al verse en las duras y las maduras.
Menos por hacer que lo ya vivido,
el futuro mengua tras el presente,
y recorre en zigzag el sinsentido.
Casi todo lo que callo y no digo,
en palabras que ocultas tras la mente,
suicidan a su estúpido testigo.
20-VII-2011
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