minucias de la nada,
como polvo tras el viento,
el azar tras su coartada.
La memoria de lo simple
magnifica destapada,
las obtusas perspectivas
sin premiar cada alborada.
La guadaña en cada esquina
arremete despistada,
esperando en tu tapete
a cualquier carta marcada.
Si prescriben los designios,
desde entonces entregada
nuestra suerte ya sin dueño,
esperando equivocada.
1-X-2011
.

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