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Ríos y mares en desembocaduras, dulce y salado combinando sabores irreconocibles. Vientos que confluyen en direcciones indeterminadas, confundidos de destinos. Salitre y azúcar, viejo frente a nuevo en la sombra esquiva de atardeceres.

Sabores agridulces, combinados en salsas fuera de la carta. Sentidos alterados por paladares ocultos tras la pesadilla. Confluencia de digestiones que olvidan sus últimos menús del día. Postres que defenestran los primeros platos. Cuentas impidiendo reclamar los platos servidos como sopa fría.

Especias que dan los últimos sabores del crepúsculo, con la brisa traicionera que serpentea con las rebecas bajo el brazo. El frío escondido en los calores del verano, los que hacen sentir los cuerpos sin termostatos.

Ríos y mares olvidados de sequías, sin mojarse por la lluvía…esperando el navegar de los barcos sin rumbo.
19-XII-2011

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