La tierra que te ve nacer y forma parte de tus primeros diecisiete años de vida tiene un significado especial. Una vez escuché que uno es de la tierra donde estudió el bachillerato, y pienso que tiene gran parte de razón (aunque no toda).
A día de hoy, he vivido más tiempo fuera de mi tierra que en ella, pero continua presente su significado, su idiosincracia y sus recuerdos…Es más, pienso que la relación de amor y odio se hace más fuerte, más intensa entre esos extremos, más crítica, más apasionada.Cuando transcurre mucho tiempo, no se vuelve a los lugares, se llega casi por primera vez. La mirada es tan nueva, que los recuerdos no permiten considerarlos como retorno, se está ante un nuevo descubrimiento. En eso está el aliciente, en ver lo que formó parte de cada uno, con su ración de pasado, como una obra de teatro que se estrena.
Ahora voy a mojarme, ¿qué pienso?¿cómo lo vivo?…
Voy a empezar por una sensación, cruzar el puente y divisar la bahía de Cádiz. Sea invierno o verano, bajo inmediatamente la ventanilla, me fijo si es poniente, levante, levante en calma,…¿quiero vivir aquí?,¿por qué no quiero vivir aquí?. Hace mucho que no la veo como ciudad de día de día, como esa ciudad de un martes cualquier de vuelta del instituto. Luego piensas en cómo la vivirías si te jubilaras o si te tocase una primitiva.
Antes de cruzar el puente, observo la factoría de componentes de automoción, ahora en penumbra. Hace no muchos años bajaba de sus autobuses de ruta con destino a su cadena de montaje, con cara de pardillo y boli de universitario. Ahora no queda nada. Mientras estuve allí, ví de todo, gente trabajadora, ingenieros creativos, pero también indolencia y absentismo. Testigo de problemas resueltos con el máximo ingenio de toda la corporación, como de presumidos que concantenan el mayor número de bajas consecutivas. Cara y cruz, Don Carnal y Doña Cuaresma.
Me duele esa dulce decadencia, ese morir pausado y sin futuro, la gota a gota del emigrante. Esplendor en el XVIII, casi en la UCI en el XXI. También me duele no haber contribuido a Ella mas que con mi recuerdo y con mi parte de lo que soy.
Siempre me acordaré de los carnavales no vividos, de las coplas no escuchadas en sus callejones, de las puestas de sol que se perdieron.
Me queda el consuelo de bajar de nuevo el cristal de la ventana cuando sé que el mar se vuelve a oler, encontrarme con los míos…..y de nuevo también, conmigo mismo.
4-I-2012
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