Ahora mismo ya destapo
en mis leyes del Talión
donde el ojo tras su ojo
ni porfía ni perdón.
Sin fingir en la balanza
equilibrios sin razón,
sólo busca su postigo
y la sangre al derredor.
Intenciones sucedáneas,
lobos van tras el pastor
el rebaño de reojo
aplaudiendo la función.
Los puñales en las manos
con la risa sin rubor
con la sangre de mentira
con la mancha de tu adiós.
Y la hiel adormilada
sin la miel que lo cubrió
y ahora todos se preguntan
¿en quién me he convertido yo?.
6-III-2012
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