Ya no quedan razones en los cajones de la conciencia, únicamente vestigios de su propio engaño. Cronómetros con sobredosis de aventuras, de huidas a los confines del regresar; despertares de mañanas sin ayer. Sólo nos queda ese hoy, de ducha fría, de marejada en el Estrecho, de gaviotas que silban las canciones de viejos trovadores.
Conciencia sucedánea de coartadas frente el espejo. Bailar de canciones de antiguos vinilos, sueños en océanos de pesadillas; aquellas que esperan las mareas tras los rompeolas. Conciencia, ¡vieja conciencia!, que alimentan los cobardes con pastillas juanolas, jarabes que adormecen el discurrir incómodo de lo cotidiano.
¡Huidas!, ¿dónde estáis?, ¿qué quedó de vuestras miles de renuncias?, aquellas a las que se agarran los inocentes, aspirando al reducto de los culpables; los que opositan como imputados en el callejón de sus condenas.
¡Caminos!, atrapados bajo la maleza de territorios sin explorar, húmedos, vírgenes…desperdiciados de protagonistas y mentes del miedo, esperando conquistadores. Discurrir plácido, autocomplaciente…de la nada retornando a ningún sitio, devolviendo lo billetes de trayectos cancelados, trasbordos de mentira, peatones de aceras con barandillas…
¡Pasado y presente!, renegad de los frenos que lastran a los cobardes y mentidles de valentía.
29-III-2012
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