Presto quedo en mi guarida,
vigilante y centurión,
olvidando las batallas,
cien derrotas sin perdón.
Nuevas guardias en garitas
en albores la pasión,
mas vigilias en ayunas
se reencuentran en tu yo.
Al mirarse no se oye
ni se escucha lo que vió,
los sentidos sin coartadas
y de fondo tu canción.
Dando cuerda a los relojes,
los de arena y los de sol,
cada grano y cada rayo
buscan holas sin adiós.
Se alimenta de paciencia
del sosiego y la razón,
tras la vuelta de tu ida
queda el timbre en mi portón.
17-VI-2012
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