Ahora que ya no me oye nadie
sin que me escuchen tras el olvido;
afónico tras mis silencios
culebras prestas bajo el nido.
Ahora que de nuevo al monte
me echo a andar sin dobladillo;
esquina, pantalón y calle,
sin tu llaves la mano en el bolsillo.
Ahora que no mendigo amores,
mi pica en Flandes sin abrigo,
las goteras tras las grietas
sin fregona tras el postigo.
Ahora sin encontrar el quicio
que con una pierna sostiene,
barandillas sin pasarelas
dudando aún lo que conviene.
Ahora que me quedan menos
caricias por dar hasta la muerte,
ásperos los dedos ya cansados,
cosquillas, tus guantes sin mi suerte.
4-IX-2013
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