Siempre que me veo tus derrotas,
me escupo y me meo contra el viento,
me saben las lenguas a botas,
los dientes a un mal pensamiento.
Me subo a la tapia sin copas,
la vista no esquiva tu aliento,
recuento de nuevo las tropas,
no queda ni adiós ni tormento.
Los barcos se quedan sin popas,
los culos de muy mal asiento,
disparos que ya a quemarropas
te dejan los labios ardiendo.
Recojo con pena mi rifle
la espita de mil sufrimientos,
madruga tu fiel matarife
degüella el sexto mandamiento.
13-VII-2016
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