Vete de aquí; sí, de mi mente, de mis mapas; te borro de ellos. Ya en el Maps no me apareces como direcciones recientes, la de tu casa, la de las cervezas frías que tomábamos de pie al final de la encimera.
Vete de día, para asegurarme que tanto tú como tu sombra os marcháis y se os ve en el horizonte. De noche serías, invisible, una mancha, una estela que no sabría que se aleja.
Vete como quieras, con sonrisa o con las comisuras de un puente derruido. Ése es tu desafío ante tu espejo. Yo he roto los míos; no quiero verme, pero sí sentirme. Utilizaré la ventana al amanecer para observar el descampado, me lavaré la cara con agua fría para acojonar a mis ojeras, me morderé las uñas si hace falta para sentir el placer de mis nervios.
Vete deprisa, ya he llevado tus aromas al punto limpio. Separando bien el metal de lo orgánico, los papeles de los plásticos. Reciclado para que la naturaleza no proteste.
Vete en silencio y si no, da igual llevo tapones. Todas las canciones esas perderán el significado, se quedarán en mute. El repertorio truncado y renovado.
Vete porque es como si no hubieras estado. Hasta para poder irse hay que estar. Mejor quédate en tu sitio, pero marchándote aún más lejos. Ni siquiera notaré el movimiento; de no estar a no estar más lejos, no hay mucha diferencia.
2-XI-2016
Deja un comentario