Amanecía mientras ella seguía, inmóvil, esperando a que volviera de la ventana donde solía fumar mirando al parque. Echaría de menos el olor a tabaco y su piel. Sabía que sería la última vez, como otras tantas veces lo había sido. Repetía la misma secuencia, los mismos paréntesis, como aquellos empleados fijos discontinuos a punto de jubilarse. Siempre le palpitaba el corazón de la misma manera al hacerlo en las despedidas temporales, al hacerlo en los encuentros de reestreno. Es como probar la sal después de una tarta, como probar un dulce después de un tequila. El eterno electroimán que intercambia los polos, que los circuita para hacer que de nuevo los planetas y satélites orbiten, se configuren las coordenadas de los eclipses de sol y de luna, de luz y de sombra. Será la última vez de este contrato indefinido, sin tiempo, definido sólo en lo inesperado….»cuando salgas, deja las llaves y cierra bien la puerta».
Madrid, 09-II-2017
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