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Con un babi en el jardín de infancia, sorteando la nada con los ruedines, manchurrones con sombras de mandálas, bocadillos que derraman las migas en un recreo infinito de hormigas. Guiños que se hacen con dos ojos, temblorosos de legañas. La emoción al ver la única niña de coletas, mi liturgia diaria sin salmos. La pinto en cartulina con tirantas y siempre, siempre con coletas, imagino dos electroimanes donde en su campo magnético orbito como un ganímedes cualquiera. Imaginada en viñetas de nuevos tebeos y yo superhéroe de barrio sin capa y con deportivas, sin encontrar los villanos para poder llevarla. En sus sueños dentro me pinto en blanco y negro, desentonado detrás de un armario con visibilidad reducida, carcomido en papiroflexia, quebrado y arrugado en lo imaginario que destruye y renace en el mismo segundo, en las mismas manecillas que avanzan y regresan. Deambulo cada mañana en la cornisa de la espera, para ver el mismo brillo que dobla la esquina. No hay pretensión, sólo un castigo de salitre y azúcar mezclado con nenuco. Cuando toca la sirena del recreo, vuelve el séptimo de caballería, se rompen las filas del aula, la manada de ñus hacia las praderas sin agua. Sin rifle, como el sheriff esperando forajidos, sólo observándola con mano de visera y alimentando lo platónico. Una ingesta que su sola presencia se basta, con digestiones de cuatro horas que no te permite mojarte los pies. Una estación tras otra con ese empacho placentero, el rito que comienza cada día en ayunas. Un proceso que invade la meseta del REM, donde recrea paraísos que inmediatamente pasan al álbum familiar. Llega el verano, se rompe la ceremonia, tiro de reservas y congelados, semana tras semana el calor no lo derrite, por ahora. Hiberno el recuerdo para dejarme latente en mi emboscada, la pausa antes que se desprendan los cascotes del iceberg, un glaciar sin remedio. El otoño en el trampolín, pero sin agua en la piscina, ya sólo se refleja en la ausencia del nuevo curso, botas de agua y los charcos en los mismos lugares. Esperar y recordar que el menguante caudal se evapore, se nuble y que una nueva lluvia me impregne de nuevo. A saber de qué.

11-X-2023

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