Llevaba dos días caminando por el desierto de Sonora desde que el coyote la empujó desde la furgoneta a la altura de la fronteriza en Cerro Pinto. En cuanto vio un farallón rocoso se dirigió hacia él a esperar el anochecer y resguardarse del sol.
A sus diecinueve años el olor a desierto nunca lo había sentido, sí en cambio el de la sangre cerca del río Choluteca en su Tegucigalpa natal. Bandas, disparos, primos, sobrinos y tíos en algún que otro callejón abandonado. Algo cotidiano, un olor habitual.
Esa noche, con media cantimplora y una quesadilla reseca intentaba olvidar el tortuoso camino. Su mirada en el infinito y ni siquiera un pensamiento o sueño futuro. Sólo iba porque otros habían ido, replicaba a los errantes.
Un destello en el paisaje le llamo la atención, pausadamente se iba haciendo más grande y se encaminaba al farallón que parecía ser un imán para los desprotegidos. Su figura se fue perfilando poco a poco yendo hacía ella e instintivamente se alzó y movió los brazos para reclamar su atención.
Pasados veinte minutos Evelyn, natural de Jacksonville, estaba cara a cara con Marita. Dos personas en direcciones distintas, huyendo de algo. Evelyn le preguntó si necesitaba agua o comida en un español aceptable fruto del High School y de la interna que las crio con acento de Yucatán. Disponía de una mochila bien abastecida aún después de dos días de camino desde que la dejaron en la interestatal 85.
Tras aceptarle el agua, Marita preguntó:
-¿Por qué vas en dirección contraria?, en este infierno las pisadas tienen una dirección y las que van en la contraria te llevan a un cadáver.
-A la frontera, a México.
-No es posible, todos dejamos atrás hacia donde tú vas y buscamos lo que tú abandonas.
-Puede ser sencillo o complicado de explicar….Donde yo vivo el cielo y el infierno es real, lo ves, lo sientes, pero no está al alcance de tu mano. Son compartimentos estancos, donde el sufrimiento y la riqueza se miran cara a cara en un muro transparente. Prefiero vivir en un lugar donde se me olvide el paraíso, donde todo sea cruel, crudo, violento…. pero humano e incluso que se me olvide lo que es el cielo.
-Yo en cambio quiero dejar de respirar la sensación de echar de menos, de ir perdiendo a seres reconocibles, familiares, amigos que sólo están presentes en los recuerdos. No busco un paraíso, busco personas a las que no tenga que echar de menos por culpa de la muerte.
-¿Tienes a dónde ir?-preguntó Evelyn-. ¿Alguien que te espere?.
-No -contestó Marita-.
-Yo tampoco. Te voy a proponer una cosa, tú y yo no estamos huyendo de lugares, sino estamos buscando algo que no tenemos y el destino nos ha puesto aquí por azar entre miles de kilómetros cuadrados de desierto. Vamos a hacer juntos este camino y este viaje, no importa el lugar. Lo echamos a cara o cruz, nos acompañamos y empezamos de cero.
-¿De verdad?¿quieres entonces que vayamos juntas?.
-Sí. Mira esta moneda, si sale cara nos dirigimos hacia Misuri, entre lagos, en un mundo rural alejado de lo que ponen en CNN News. Si -sale cruz, nos espera toda América Latina.
-Vale, tira la moneda!.
Evelyn la lanzó con la intención verla caer en el suelo arenoso. Rebotó en una piedra y rodó hasta un orificio de rocas. Cuando se aproximó para meter la mano ya sabía por el ruido que procedía de dentro que el futuro de las dos se habían unido, LO SUPO POR EL SONIDO DEL CASCABEL.
Madrid, 11-03-2023
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