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Decibelios, más claxon y manadas de ñus saliendo del 24 horas, napolitanas de chocolate y ojos vidriosos, a paso ligero al cruce del Puente, los sintechos con transistores Casio, olor a Don Simón y Garfunkel, las sobras del burriquín y cartones viscoelásticos, frágil, poned hacia arriba.

El mismo que pide siempre, céntimo a céntimo, para un café y si puede panela. Paseando de cebra en rojo, carritos de la compra se venden y se prestan.

Deprisa a por el 37, ventana y cerca del pulsador, los cascos y canciones de Marifé, torre de arena y María de la O con un canuto que ojalá me fumara.

Cuando llegue a Bravo Murillo, ¿va usted a salir?,¿me permite?, permítame que insista. Ayuno intermitente a la derecha, aquí me bajo.

El paraguas es de cobardes, los hombros encogidos repelen los chubascos y los goterones de los toldos.

Huele a donut, estornudo a chicle de menta. Paso ligero, misma acera, al edificio, ya estoy, el semisótano, aperos de limpieza, bolsas y bayetas arrugadas, hoz y martillo de scotch-brite.

La C7 sigue pinzada, mañana me apunto a pilates, ¿o mejor yoga?, saludo al sol y sombra, mejor el club de baile de la junta de distrito y poder hablar con vecinos desconocidos. En yoga no dejan hacer ruido.

En la basura un condón anudado en la sala de reuniones, bolsas de lacasitos, yo pensando….. a alguien sí le hicieron casito. Adivino a la jefa de unidad con el jovencito de contabilidad, en cuadrupedia, saludo del niño, viento en popa a toda vela, los folios en sucio arrugados.

Hago los baños, la escobilla necesita manual de instrucciones. Ahora suena María Jiménez en mi iPod turquesa, ¡qué coño tenía!, genio y figura…..se acabó. Hoy tampoco he comido, anacardos en el bolso, ¿llegaré a la promesa?.

Otra semana que no llama mi hija y su padre fatal, la mínima en diez, doscientos veinte de azúcar, palmeritas escondidas. Mis manos cansadas de hidratante, hoy menestra para cenar, sigue acostado en la cama. No me acuerdo la última vez que lo ví sin pijama, diez mil pasos los hace en cada estación, estamos en otoño.

Ya no me tiño más, blanco en el pelo y blanco de Rueda, ruedas de molino. El rooibos está muy caliente, jengibre que no me faltes nunca.

¿Qué hago mañana de comer?¿Quién comerá lo que haga?¿Qué hará quién me coma?.

Llamo a mi hija, comunica, dejo WhatsApp y todo, cómo siempre con las flechitas azules, dejo las ganas por hoy.

¿Cómo quedó el Rayo?, y qué más da si ya no voy al estadio. Me deben dos nóminas, sigo a base de arroz y patatas, recibos devueltos, cartas certificadas, Cofidis déjame en paz. El fisio me lo han dado para finales del año que viene, tengo que planificar la siguiente lesión con tiempo.

Suena el teléfono, mi hija Carla en silencio, ¿te ha vuelto a pegar?¿ muy fuerte?¿Te ha dejado marca?, te ha pedido perdón y será la última vez….., es siempre lo mismo, hija. Mira tu padre, su última vez fue justo antes de su depresión. Ya no tiene ganas ni de pegarme, ni de ver el fútbol.

Tengo arroz con patatas, vente a comer. Usa la casa del pueblo, ahí no te buscará y tu tía Toñi sabes que te adora. Le puedes ayudar en la tienda y Jaime, tu novio de aquel verano, no deja de pensarte. Es tan bueno!.

Carla, me noto un bulto cerca de la costilla, me aprieto y me duele.

En Monte Igueldo el sol no ilumina de pleno, pero el olor a fruta y casa de apuestas es perenne. Es jueves, mañana el despertador a las seis y cinco. Siete plantas de edificio, hago apuestas a que la jefa de unidad se cepilla al de marketing, buscaré las pruebas del delito.

El chófer de la EMT me guiña cada mañana, observo que sólo lo hace conmigo. Cualquier día se lo devuelvo, no pierdo nada. Vive en Usera, es simpático. A veces miro al infinito y me imagino otra vida con él. Algo tan sencillo como ir al cine un martes, en una mano su mano, en la otra palomitas.

30-X-2023

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