Written by


Mientras anudo mi bata de monje,
en cada hora me rezo un castigo,
mira el reojo desde este postigo,
a tu horizonte que más me sonroje.


Aunque la fruta ya no se me antoje,
no te sorprendas con lo que te digo,
siempre te veo si miro mi ombligo,
en el encierro el toro me coge.


Ya no me queda ni un as en la manga,
en siete rondas que dejo fiadas,
apuesto todo a la marca del tanga.


Desde el banquillo del cuento de hadas,
de atrás alante, el cuento de manga,
como un suplente sin botas atadas.


17-IX-2024

Deja un comentario