Sin saber aún lo que me provoca,
convertido en mi celda en esclavo,
este entrante nunca me lo acabo,
esta lengua -un día- siendo de tu boca.
Por todo lo que ahora me toca
-ya me ves- lo profundo que escabo,
este vértigo asomado al octavo,
un bebé que todo lo trastoca.
Colecciono cien mil y un desmanes,
mi refrán de «sueño, luego insisto»,
desnudos yendo por los alemanes.
Nunca fui de la clase el más listo,
el turista comprándote imanes
a pesar del doble-check en visto.
20-IV-2025
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