Abrí la nevera y se encontraba vacía. Sólo esa luz incandescente y directa como si interrogara a un maqui abatido. Revisé el cajón del fondo en busca de alguna loncha de jamón perezosa de abandonarse, pero no quedaba nada más.
Cogí una silla robusta del salón y la apoyé contra la puerta abierta de la nevera. De cuclillas y tanteando la pared, quité el enchufe y aniquilé esa luz aspirante a faro de Alejandría. Las persianas estaban tendidas y la oscuridad se adueñó de la casa.
Cerré el portón de la casa y me metí en el coche. Ni siquiera pensé en cuando la volvería a enchufar y llenarla de víveres de supermercado.
Es mentira que el final del verano lo marque un solsticio o una vuelta a la oficina…el final del verano es una nevera abierta y desenchufada.
2-II-2014
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Esperar y no hacer nada son cosas similares. Uno no sabe al ciento por ciento cuándo ha terminado.
En realidad sí que lo sabe…un golpe de timón que sobreviene, el viento en la cara y el sol por poniente. En ese momento se hace y se busca…En realidad es un nacimiento sin la defunción del estado anterior.
Es raro decir eso de «estoy esperando y me queda un treinta por ciento» o «seguiré sin hacer nada durante veinte días»…Normalmente lijaremos el timón para que nuestras manos lo sientan suave, calaremos la gorra para el viento de cara y graduaremos nuestras gafas de sol…El fin que llega por el principio
14-VIII-2014
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«Me suele pasar que todas terminan desaprendiendo a quererme tal y como soy» (Roy Alsten)
27-VIII-2014
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