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Era su cuarto encuentro. Tras conocerse en el cumple de Carla, quedaron para el concierto de «Los quetedije», cuatro cervezas, rodearse por la cintura y algún beso fugitivo. Iban también con Sebas y Sara. Repitieron los cuatro a los pocos días en el cine, ahí se pasaron los teléfonos. Película bosnia de la generación perdida de Los Balcanes, sangre, rencor y vidas irremontables.

Quedaron en «El Brujo», bar de barra de aluminio, servilletas en el suelo, alitas refritas y carta con fotos de cachopos. Estaba nervioso, necesitaba aclarar la «Gran Red Flag», le gustaba mucho. Cuanto antes lo aclarará mejor. Dos tercios de mil nueve lo rompen todo, hielo e iceberes.

-Julia, ¿tú eres de Levante o de Poniente?

-No te entiendo.

-Sí, si hubiera un viento que te define ¿cuál sería?. Elige uno.

-Buff, no sé, déjame que piense…quizá Levante, aunque no sabría decirte porqué.

A Salva se le escapó medio sonrisa, respiró hondo solo con el pensamiento. Llevaba cinco ponientes seguidos intentando amar. Amores planos, gélidos en verano cuando no se debe, obligan a ponerte rebequita, no te pellizcan, te hacen confundir las estaciones. El levante es imprevisible, te arremolina en las calles con plásticos, te despeina, te rachea de semillas y hojas de eucaliptos, te seca pituitaria. Seca y limpia ropa, oxigena, recicla, te pellizcan en el culo, te enerba y espabila al mismo tiempo.

-¡No sabes la alegría que me das! yo soy de Levante. Es más importante que si un Escorpio es compatible con un Aries ascendente Capricornio.

-¡Estás loco!, aunque he de decirte una cosa

-Díme.

-Aun no sé si soy de Levante en calma.

4-VIII-2025

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