De repente,
ya
desvanecida,
desterrada a los arrabales
fuera de intramuros, de los protegidos
en su clemencia.
Insurgente, con aperos y viandas,
con la tez
y el alma descompensada.
Errática, como abadesa en círculos,
en claustros interminables,
oraciones en esperanto
que nadie entiende,
ni descifra,
ni somete,
ni perdona
Aullentada por su manada,
lobas aullando a su loba,
ecos de su misma especie,
endogamia suicida,
lo propio contra lo propio.
Desprestigiada, iracunda,
desplegada bajo su designio,
sin riel sobre la senda,
viento sin lluvia,
lluvia sin luna,
luna sin nube,
cielo de espanto, de soles ausentes,
cegadores y gélidos,
desérticos y tortuosos.
Remiendos y claveles desvencijados
ajados e insostenibles tras los rizos.
Sed que te clama,
alimento que llama,
ausencia que nutre.
Vacío que te innane y llena,
en lo simultáneo
en lo incomprensible,
en lo bipolar y extraordinario.
Evanescencia solemne,
obtusa, estridente,
chirridos de tenedores en porcelana,
la grima incisiva y premolar.
Tormenta y tormento,
continente y contenido,
auspicio efímero,
semblante de esfinge
ante reinos sometidos.
Yugular sin el pulso,
lacrimal en borrasca,
inclemencias imprevistas,
alargadas entre estaciones,
contraviniendo la natura,
el cauce y su orden.
21-X-2025
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