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Muerte,

cruel,

un instante,

sin parada en el estanco,

sin adiós del parabrisas.

Quería,

dejar un post-it en la nevera,

bajo el imán de Budapest,

junto al calendario de la farmacia.

Esa farmacia

a la que no vas.

Quería,

pero no me dió tiempo.

desafilé la navaja,

las uñas sin cortar,

la colonia destapada.

Quería,

mordaz,

morderme la lengua,

vomitar mi cobardía pasada,

mi falta de arrojo vital,

injusticias desatendidas.

Quería,

al morir resarcirme,

proclamarme aunque sea a un viento,

al levante por ejemplo,

con uno me conformo,

el más seco,

despeinado,

racheado,

el que tritura las cenizas

y las mezcla con bolsas de basura.

Quería,

¡y qué más da!,

no habrá libros de historia,

cuando nadie que esté vivo

me recuerde,

no habrá legado en las gentes,

no habrá lo que nunca fue del todo.

Volver al cucurucho,

al fondo del mismo.

1-XI-2025

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